Consejos para montar a caballo: posición, técnica y seguridad en hípica

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Montar a caballo no se aprende leyendo. Se aprende encima del animal, con las piernas temblando un poco, el corazón algo más rápido de lo normal y la sensación de que el suelo queda demasiado lejos. Aun así, una buena base teórica ahorra semanas de malos hábitos y algún que otro susto innecesario. Esta guía recoge lo que cualquier jinete principiante necesita saber antes de poner el pie en el estribo por primera vez, y lo que conviene repasar incluso cuando ya se acumulan horas de silla: desde la preparación mental hasta la progresión técnica, pasando por el equipamiento de protección —incluido el chaleco airbag, que ha cambiado las reglas del juego en hípica— y las normas de convivencia en pista.

¿Cómo aprender a montar a caballo por primera vez?

Preparación mental antes de montar un caballo

Lo primero que nota un caballo no es tu mano ni tu pierna. Es tu estado emocional. Estos animales captan la tensión muscular, la respiración entrecortada y los cambios hormonales asociados al miedo con una precisión que todavía sorprende a los etólogos. Si te acercas nervioso, el caballo interpreta que hay un motivo para estarlo, y su comportamiento cambia en consecuencia.

Antes de acercarte al animal, dedica un par de minutos a respirar con calma. No hace falta ninguna técnica sofisticada: basta con inspirar despacio por la nariz y soltar el aire por la boca, repitiendo hasta que notes que los hombros bajan solos. Los caballos destinados a la enseñanza están seleccionados por su temperamento tranquilo y su paciencia con los principiantes, así que la probabilidad de que ocurra algo imprevisible es baja.

El contacto previo marca diferencia. Acércate por el lado izquierdo con paso firme pero sin brusquedad, deja que el animal te huela la mano y acaricia su cuello con movimientos lentos. Esa primera interacción establece un vínculo que, una vez en la silla, se traduce en un caballo más receptivo a tus indicaciones. Sentir cierta aprensión es completamente normal; lo que no conviene es confundir aprensión con parálisis. La actitud mental adecuada —alerta pero relajada— influye directamente en tu postura, y la postura condiciona todo lo demás.

Equipamiento básico necesario: chaleco y estribo

En hípica, el equipamiento no es un accesorio: es lo que separa un susto de una lesión grave. La pieza más importante es el chaleco airbag Hit-Air, un sistema de protección que se activa cuando el jinete se separa del caballo. El mecanismo es mecánico: un cordón conectado a la silla tira de una válvula que libera un cartucho de CO2, y el chaleco se infla en aproximadamente 0,1 segundos —antes de que el cuerpo toque el suelo—. Protege columna vertebral, costillas, cuello y órganos internos con una eficacia que los chalecos rígidos tradicionales no alcanzan.

El casco homologado es innegociable. Tiene que ajustarse bien a la cabeza, sin bailar ni apretar, y llevar la certificación correspondiente. Los pantalones de equitación evitan rozaduras en la cara interna de los muslos; las botas deben tener un tacón de entre dos y tres centímetros que impida que el pie se deslice completamente a través del estribo. Respecto al estribo, para quienes empiezan son preferibles los modelos con diseño de seguridad que liberan el pie en caso de caída. Unos guantes completan el equipo: mejoran el agarre de la rienda y previenen ampollas en sesiones largas.

Invertir en material de calidad no es un capricho. Un buen chaleco con tecnología airbag, unas botas que sujeten el tobillo y un casco que cumpla la normativa vigente aportan una tranquilidad que se nota en la monta: con menos miedo se monta mejor, y con mejor monta hay menos caídas.

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Primeros pasos para subir al caballo correctamente

Subir al caballo tiene su técnica, y merece la pena aprenderla bien desde el primer día. Colócate en el lado izquierdo del animal —el lado de montura por tradición— y comprueba que está quieto y tranquilo. Si es tu primera vez, pide a alguien experimentado que sujete al caballo mientras realizas la maniobra.

Introduce la punta del pie izquierdo en el estribo, nunca el pie entero. Con la mano izquierda, agarra las crines o la parte delantera de la montura; con la derecha, apóyate en la parte trasera de la silla. El impulso tiene que ser fluido: te elevas manteniendo el cuerpo recto, te balanceas sobre el estribo izquierdo y pasas la pierna derecha por encima del lomo sin golpear al animal. Siéntate con suavidad. Dejarte caer de golpe sobre la silla asusta al caballo y arranca la sesión con el pie —literalmente— cambiado.

Una vez arriba, busca el estribo derecho con calma, ajusta tu posición y toma las riendas. Parece un proceso largo descrito así, pero con práctica se convierte en un gesto automático de pocos segundos. Lo que importa es que los buenos hábitos se instalen desde el principio, porque corregir vicios adquiridos cuesta mucho más que aprender bien a la primera.

¿Cuál es la posición correcta al montar a caballo?

Postura del cuerpo y distribución del peso

La posición lo es casi todo en equitación. Un jinete bien colocado se comunica mejor con el caballo, mantiene el equilibrio con menos esfuerzo y se fatiga mucho menos. La referencia clásica es una línea vertical imaginaria que pase por oreja, hombro, cadera y talón. No se trata de rigidez militar: la espalda debe estar erguida pero no tensa, los hombros relajados y ligeramente hacia atrás, la columna vertebral estirada como si alguien tirara suavemente de ti hacia arriba desde la coronilla.

El peso se reparte de forma uniforme sobre los dos isquiones, sentándote en el centro de la silla sin inclinarte hacia delante ni hacia atrás. Las caderas acompañan el movimiento natural del caballo, lo que exige mantener los abdominales ligeramente activos pero sin bloquearlos. La conexión con el animal pasa en gran medida por el asiento: un cambio sutil en la distribución del peso basta para que el caballo acelere, frene o cambie de dirección. Desarrollar esta consciencia corporal lleva tiempo, pero ejercicios de equilibrio fuera de la silla —yoga, pilates, trabajo sobre fitball— aceleran el proceso de forma notable.

Colocación correcta de los pies en el estribo

Hay un dato que todo principiante debe grabarse: la bola del pie, esa zona ancha justo antes de los dedos, es la que descansa sobre el estribo. El talón queda más abajo que la punta. Esta posición cumple dos funciones a la vez. Mantiene la pierna en el ángulo correcto para la comunicación con el caballo, y permite que el pie se deslice fuera del estribo en caso de caída, evitando el enganche que tantos accidentes ha provocado a lo largo de la historia ecuestre.

Las rodillas y los muslos mantienen un contacto suave con la silla y los flancos del caballo. Nada de apretar como si la vida dependiera de ello: esa presión excesiva agota los músculos en minutos y, paradójicamente, reduce la estabilidad en lugar de mejorarla. Los tobillos funcionan como amortiguadores flexibles que absorben el movimiento del animal. Dos errores que se repiten mucho entre quienes empiezan: meter el pie demasiado profundo en el estribo y sacar las puntas hacia fuera. Ambos comprometen la seguridad y la eficacia del jinete.

Para comprobar la longitud correcta de los estribos, deja las piernas colgando sin meterlas. La base del estribo tiene que quedar a la altura del tobillo. Este ajuste, aparentemente menor, condiciona toda la posición de la pierna durante la sesión.

Cómo mantener el equilibrio mientras estás montando

El equilibrio en equitación no tiene nada que ver con la fuerza bruta. Tiene que ver con encontrar tu centro de gravedad y dejar que tu cuerpo se mueva con el caballo, no contra él. La clave está en la zona lumbar y las caderas: si las relajas, tu pelvis absorbe el movimiento del animal de forma natural. Hay una imagen que usan muchos instructores y que funciona bien: imagina que tu pelvis es un cuenco lleno de agua que no quieres derramar.

Las manos sujetan la rienda con firmeza pero sin rigidez, manteniendo una línea recta desde el codo hasta la boca del caballo. Usar las riendas para sostenerse es un error frecuente que daña la boca del animal y genera malos hábitos difíciles de corregir después. El equilibrio se trabaja de forma independiente: ejercicios como montar sin estribos durante períodos cortos, realizar movimientos de brazos al paso o practicar la posición de dos puntos fortalecen la estabilidad sin depender de apoyos artificiales.

Un detalle que se pasa por alto: la mirada. Mira siempre hacia donde quieres ir. Tu cuerpo sigue la dirección de tus ojos de manera inconsciente, y el caballo nota ese cambio de peso. Un jinete que mira al suelo pierde el equilibrio, encorva la espalda y confunde al animal. Un jinete que mira al frente transmite seguridad, y esa seguridad se contagia al caballo.

Consejos y recomendaciones de seguridad en hípica

Importancia del chaleco airbag para protección

La seguridad tiene que ser la primera conversación, no la última. Y dentro de esa conversación, el chaleco airbag ocupa un lugar que hace quince años no existía. El sistema Hit-Air funciona con un cordón conectado a la silla de montar que, al detectar la separación entre jinete y caballo, activa un cartucho de gas comprimido. El chaleco se infla en unas décimas de segundo —antes del impacto contra el suelo— y protege columna vertebral, cuello, costillas y órganos vitales.

Para el jinete principiante, el beneficio va más allá de la protección física. Saber que llevas un chaleco airbag reduce el componente de miedo que tantas veces bloquea el aprendizaje. Con menos tensión, el cuerpo se relaja; con el cuerpo relajado, la posición mejora; con mejor posición, la comunicación con el caballo se vuelve más clara. Es un círculo virtuoso que empieza por una decisión de equipamiento.

Conviene verificar periódicamente el estado del chaleco: que el cartucho de CO2 no haya caducado, que el cordón de activación esté en buenas condiciones y que el sistema de inflado responda correctamente. Un chaleco airbag mal mantenido genera una falsa sensación de seguridad que resulta peor que no llevarlo.

Cómo verificar el equipo antes de montar a caballo

Antes de cada sesión hay que repasar el equipo. Es una rutina que al principio parece lenta pero que en pocas semanas se convierte en automática —y que evita situaciones que van desde lo incómodo hasta lo peligroso—. La silla tiene que estar colocada correctamente sobre el lomo: ni demasiado adelante ni demasiado atrás, con espacio suficiente sobre la cruz para prevenir roces. La cincha se ajusta con firmeza pero sin apretar en exceso; la regla práctica es que quepan dos dedos entre la cincha y el vientre del caballo.

Los estribos merecen una inspección visual rápida: que no presenten grietas ni desgaste en el cuero o el material. La rienda se revisa buscando costuras sueltas, roces anormales o cualquier señal de debilidad que pueda provocar una rotura durante el paseo. El chaleco airbag Hit-Air requiere su propia comprobación: ajuste al cuerpo, cordón conectado a la silla y cartucho cargado.

El caballo también se inspecciona. Observa si está tranquilo o agitado, revisa los cascos en busca de piedras o daños y comprueba que la embocadura esté bien colocada sin causar molestias. Esta rutina no es burocracia: es la diferencia entre una sesión productiva y un incidente que se podía haber evitado.

Normas básicas de seguridad en la pista

En un picadero compartido las reglas existen por un motivo muy concreto: los caballos son animales de presa con reflejos rápidos, y lo que asusta a uno repercute en todos los demás. Circula en el sentido indicado —generalmente manteniendo la izquierda— y, si necesitas adelantar, hazlo por el interior del círculo anunciando tu intención con un “permiso” audible.

Mantén al menos un largo de caballo de distancia con el jinete que va delante. Los caballos se parecen en esto a los conductores en autopista: si te acercas demasiado, la probabilidad de que algo salga mal crece de forma exponencial. No hagas movimientos bruscos ni cambios repentinos de dirección sin comprobar que tienes espacio libre. Si necesitas detenerte para ajustar algo, dirígete al centro de la pista o a la zona designada.

Si tu caballo tiene tendencia a cocear, avisa a los demás jinetes. Si eres principiante, dilo abiertamente: la inmensa mayoría de la gente en el mundo ecuestre responde dándote espacio y paciencia. Los ruidos fuertes y los movimientos súbitos están fuera de lugar en una pista donde hay varios caballos trabajando. La convivencia en el picadero se basa en comunicación, anticipación y respeto mutuo entre jinetes.

¿Cómo montar y controlar el caballo correctamente?

Técnicas para comunicarte con el caballo

El caballo no entiende frases. Entiende presiones, pesos, ritmos y tonos de voz. La comunicación con él se canaliza a través de las llamadas “ayudas”: asiento, piernas, manos y voz. El asiento es la más poderosa de todas. Un jinete con buena posición influye en la velocidad, la dirección y la actitud del caballo con cambios de peso tan sutiles que un observador externo apenas los percibe.

Las piernas piden movimiento. Un apretón suave con ambas indica al caballo que avance; la presión de una sola pierna le pide desplazamiento lateral o controla los cuartos traseros. La voz sirve de refuerzo, especialmente para principiantes: un tono calmado relaja a un caballo nervioso, un tono firme subraya una orden. Habla con el animal mientras montas. No porque entienda las palabras, sino porque el sonido constante de tu voz lo mantiene atento y a ti te obliga a respirar con regularidad.

Cada caballo responde de una manera distinta. Hay animales que reaccionan a la presión más ligera y otros que necesitan señales más marcadas. Parte del aprendizaje consiste en descubrir cómo funciona ese caballo en concreto, qué lo motiva, qué lo incomoda y cómo ajustar la comunicación para obtener la respuesta que buscas. Con el tiempo, esa adaptación se vuelve casi intuitiva.

Uso apropiado de las riendas y comandos básicos

Muchos principiantes tratan la rienda como un volante. Error. La rienda es un canal de comunicación con la boca del caballo a través del bocado, y requiere la misma sutileza que una conversación en voz baja. La forma correcta de sujetarlas: pasándolas por la mano cerrada con el pulgar arriba, los puños verticales a la altura de la cruz del caballo. Una imagen que ayuda: imagina que sostienes un pájaro en cada mano, con la firmeza justa para que no se escape pero sin apretarlo.

Para girar, no tires de la rienda hacia un lado. La técnica correcta combina rienda directa —llevando suavemente una rienda hacia la dirección deseada— con rienda de apoyo —presionando la otra contra el cuello del caballo en el lado opuesto—. Las piernas trabajan en coordinación: para girar a la izquierda, presión con la pierna derecha y rienda izquierda suave. Para detener al caballo, no basta con tirar hacia atrás. Siéntate profundo en la silla, cierra los dedos sobre las riendas creando resistencia gradual y usa la voz con un “alto” calmado pero firme.

Si en algún momento sientes que necesitas tirar de las riendas para no caerte, eso indica que tu posición tiene un problema que hay que resolver antes de seguir avanzando. Las riendas nunca sustituyen al equilibrio. Nunca.

Cómo dirigir y detener el caballo de forma segura

Dirigir al caballo empieza en la mirada. Antes de pedir un giro, gira la cabeza y mira hacia donde quieres ir. Tu cuerpo rota de forma natural, el peso se redistribuye y el caballo percibe ese cambio. Combina ese movimiento con las ayudas de rienda y pierna —para girar a la derecha: mirada a la derecha, pierna izquierda detrás de la cincha, rienda derecha que indica dirección, rienda izquierda apoyada suavemente contra el cuello— y el resultado es un giro controlado y fluido, sin tirones ni resistencia.

La detención requiere coordinación entre varias señales simultáneas. Profundiza tu asiento presionando ligeramente hacia abajo en la silla, cierra los dedos sobre las riendas con resistencia firme pero progresiva, y deja de pedir movimiento con las piernas. Si el caballo no responde al instante, no entres en pánico: aumenta la presión en las riendas con pulsaciones suaves, mantén la calma y asegúrate de que tu cuerpo no está dando señales contradictorias.

Planifica las detenciones con antelación. Si te acercas a una valla o a otro jinete, empieza a preparar la parada con distancia de sobra. Cada caballo tiene una sensibilidad distinta a las ayudas de frenado: algunos responden al mínimo contacto, otros necesitan señales más claras. Aprender a calibrar esa respuesta forma parte del proceso de convertirse en jinete.

Errores comunes al aprender a montar a caballo y cómo evitarlos

Problemas frecuentes con la postura al montar un caballo

El error más repetido entre principiantes es inclinarse hacia delante. Parece instintivo, como si acercarte al cuello del caballo te diera más seguridad, pero el efecto es el opuesto: desplazas tu centro de gravedad, sobrecargas los hombros del animal y te expones a salir disparado si el caballo frena en seco. La corrección es sencilla de describir y laboriosa de automatizar: espalda erguida, coronilla hacia arriba, peso sobre los isquiones.

Mirar al suelo ocupa el segundo puesto en el ranking de vicios posturales. El nerviosismo empuja a comprobar dónde están los pies, pero esa mirada baja encorva la espalda, desplaza el equilibrio y puede desorientar al caballo, que tiende a seguir la dirección hacia la que mira el jinete. La disciplina visual —ojos al frente, siempre— se entrena hasta que deja de requerir esfuerzo consciente.

La tensión muscular excesiva es otro clásico. Hombros encogidos, brazos rígidos, muslos apretados contra la silla como si fuera una tabla de salvación. Esa rigidez agota al jinete en minutos y le impide seguir el movimiento del caballo. La solución: respirar. Respirar profunda y regularmente obliga al cuerpo a soltar tensión de forma casi mecánica. Cuando las piernas se deslizan hacia delante —la posición de “silla”—, el problema suele estar en los abdominales inactivos o en unos estribos demasiado largos. Cada sesión irá afinando la consciencia corporal hasta que la posición correcta se sienta natural.

Errores en el uso del estribo que debes corregir

Insertar el pie demasiado profundo en el estribo es un error con consecuencias potencialmente graves. Si el arco del pie o el talón descansa sobre la base, en caso de caída el pie se queda atrapado y el jinete termina arrastrado por el caballo en movimiento. El estribo sostiene la bola del pie, nada más. Ese margen permite que, ante una caída, el pie se libere sin engancharse.

Los dedos apuntando hacia fuera suelen ir acompañados de rodillas que se separan de la silla, lo que desmonta toda la posición de la pierna. Los pies deben mirar al frente o con una ligera desviación exterior, manteniendo el contacto de toda la pierna con el caballo. Otro error habitual es empujar constantemente hacia abajo en los estribos, lo que produce la sensación de ir “de pie” en lugar de sentado. Salvo en el trote levantado o durante el salto, el peso descansa sobre el asiento, y los estribos aportan apoyo y equilibrio, no sustentación.

La longitud incorrecta de los estribos acarrea problemas en cascada. Demasiado largos: las piernas se estiran buscándolos, se pierde contacto con el caballo y la estabilidad se resiente. Demasiado cortos: las rodillas suben en exceso y la posición recuerda a la de un jockey, algo poco funcional para equitación de base. La prueba rápida —dejar colgar las piernas y comprobar que la base del estribo llega al tobillo— resuelve la duda en segundos.

Miedos típicos del jinete principiante y soluciones

Tener miedo al subirse a un caballo por primera vez no es una debilidad; es una respuesta biológica razonable ante un animal de quinientos kilos con voluntad propia. El primer miedo, y el más universal, es a la caída. La mejor respuesta práctica es el equipamiento: un casco homologado y un chaleco airbag Hit-Air convierten la mayoría de las caídas en un susto sin consecuencias. Empezar con ejercicios al paso, en un entorno controlado y con un caballo experimentado, reduce la probabilidad de que ese susto llegue a producirse.

El miedo a perder el control aparece casi siempre en segundo lugar. La causa suele ser el desconocimiento del comportamiento equino. Los caballos no actúan con malicia: reaccionan a estímulos y a instintos. Aprender las técnicas de detención hasta que se vuelvan automáticas y trabajar siempre con caballos adecuados al nivel del jinete son las dos medidas más eficaces contra esa sensación de vulnerabilidad.

El tamaño del animal intimida. Es lógico. Ayuda recordar que los caballos llevan miles de años conviviendo con humanos y que los destinados a la enseñanza están seleccionados por su temperamento dócil. Pasar tiempo con el caballo antes de montar —cepillarlo, limpiarle los cascos, simplemente estar cerca de él— reduce la intimidación y construye una conexión que se nota después en la silla. Algunos principiantes temen hacerle daño al animal con un error. La preocupación es comprensible, pero los caballos son resistentes y un error puntual de un jinete novato raramente causa un problema real. Un buen instructor corrige sobre la marcha y aporta la confianza que falta en los primeros compases. Cada persona progresa a su ritmo; compararse con otros solo añade presión innecesaria.

Consejos para montar a caballo y mejorar tu técnica de equitación

Ejercicios prácticos para fortalecer tu habilidad montando

La mejora técnica requiere práctica deliberada, no solo acumulación de horas. Uno de los ejercicios más efectivos para principiantes es montar sin estribos durante períodos cortos al paso. Parece intimidante, pero desarrolla el equilibrio independiente con una rapidez que pocos ejercicios igualan. Empieza con sesiones de dos o tres minutos en un entorno seguro y con un caballo tranquilo; a medida que ganes confianza, extiende el tiempo y prueba al trote.

Las transiciones entre aires —del paso al trote, del trote al paso, del paso a la parada— obligan a coordinar todas las ayudas a la vez y entrenan la precisión de la comunicación con el caballo. Hazlas en puntos concretos del picadero, por ejemplo cada vez que pases por una letra marcadora, para añadir un componente de anticipación y control espacial.

Las serpentinas —curvas en forma de S a través del picadero— y los círculos de diferentes diámetros mejoran la dirección y la coordinación entre rienda y pierna. Trabajar sobre barras en el suelo, primero al paso y después al trote, desarrolla el sentido del ritmo y la sincronización con el caballo. La posición de dos puntos, donde te levantas ligeramente de la silla apoyándote en estribos y muslos sin usar las riendas, fortalece las piernas de una manera que ningún ejercicio de gimnasio replica exactamente. Fuera del caballo, el yoga y el pilates trabajan la flexibilidad y el core que tanto se necesitan en la silla. La calidad de cada sesión importa más que la cantidad: mejor treinta minutos con concentración total que una hora arrastrando fatiga y forma descuidada.

Cómo desarrollar confianza con tu caballo

La relación con el caballo transforma la equitación de ejercicio técnico en experiencia. Esa confianza mutua no se construye en un día; se acumula sesión tras sesión, gesto tras gesto. Empieza por participar en el cuidado del animal: cepillarlo, limpiar sus cascos, estar presente mientras come. Estas actividades permiten observar su lenguaje corporal, entender sus preferencias y establecer un vínculo que trasciende lo puramente deportivo.

Cuando estás en la silla, presta atención a cómo responde a tus señales. Hay caballos que reaccionan a un roce y otros que necesitan indicaciones más claras. Ajustar tu comunicación al animal concreto que estás montando demuestra respeto y construye confianza en ambas direcciones. Si el caballo hace algo bien, reconócelo al instante: una palabra amable, una palmadita en el cuello o simplemente soltar la presión de las ayudas. Esa retroalimentación inmediata es el idioma que el caballo entiende con más claridad.

Cuando las cosas no salen como esperas —y no saldrán muchas veces—, la calma es tu mejor herramienta. Los caballos reflejan el estado emocional del jinete con una fidelidad casi incómoda. Si te frustras, el animal se tensa. Si mantienes la respiración regular y repites la solicitud con paciencia, el caballo se relaja también. Habla con él durante toda la sesión; el tono calmado de tu voz lo mantiene conectado contigo y a ti te obliga a no contener la respiración. La conexión real con un caballo no se desarrolla en días. Se mide en semanas y meses de trabajo conjunto, de pequeños logros compartidos y de confianza que crece despacio pero con raíces profundas.

Progresión desde principiante hasta jinete experimentado

El camino de principiante a jinete competente no sigue una línea recta. Hay mesetas, retrocesos aparentes, días en los que todo fluye y días en los que parece que has olvidado lo aprendido. Cada persona avanza a un ritmo diferente según la frecuencia de práctica, la aptitud física, la calidad de la instrucción y el tipo de caballos con los que trabaja.

Los primeros meses se centran en la posición, el equilibrio al paso y la familiarización con el movimiento del caballo. No te apresures. Una base sólida a esta velocidad vale más que meses de galope con mala técnica. Cuando el paso esté consolidado, llegarán el trote —más exigente, con ese rebote que obliga a aprender el trote levantado o sentado— y después el galope, que muchos jinetes encuentran sorprendentemente más cómodo que el trote porque el movimiento es más ondulante.

Con el dominio de los tres aires básicos se abren puertas: transiciones más pulidas, figuras más precisas, trabajo lateral, y la posibilidad de explorar disciplinas concretas como salto, doma clásica, equitación western o rutas a caballo por el campo. Cada disciplina ofrece sus propios retos. Trabajar con instructores cualificados sigue siendo valioso en todas las etapas; hasta los jinetes olímpicos entrenan con técnicos porque siempre hay margen de mejora.

No te desanimes por los contratiempos. Las caídas, los días frustrantes y los periodos de aparente estancamiento forman parte del proceso tanto como los pequeños momentos de triunfo: la primera vez que mantienes el trote levantado un círculo entero, una transición que por fin sale limpia, la sensación de que el caballo ha respondido exactamente a lo que le pedías. Monta caballos diferentes siempre que tengas oportunidad, porque cada animal es una lección distinta que amplía tu repertorio. La equitación combina destreza atlética con sensibilidad emocional, y esa combinación es lo que la convierte en una actividad que, una vez arraiga, rara vez se abandona.

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